Mariam*, 25 años, y Youssef*, 26 años, salieron de Afganistán en 2021 junto con su hijo de 2 años, cuando la inseguridad y las restricciones crecientes hicieron imposible permanecer en su país, transformando por completo su vida cotidiana.

Educación y profesión interrumpidas
Antes de salir del país, Mariam y Youssef trabajaban en el sector salud. Ambos son médicos. Mariam también cursaba estudios universitarios mientras se formaba profesionalmente, hasta que las nuevas restricciones impidieron que las mujeres continuaran asistiendo a universidades y espacios educativos.
Para Mariam, dejar la universidad no solo significó interrumpir su formación profesional, sino perder un espacio fundamental de autonomía y desarrollo personal. “En mi país, ser mujer significa vivir con miedo. No permiten que las mujeres trabajen ni que tengan educación. La seguridad para las mujeres es muy mala”.
En mi país, ser mujer significa vivir con miedo. No permiten que las mujeres trabajen ni que tengan educación. La seguridad para las mujeres es muy mala
Mariam*, 25 años.
Violencia y ruptura del proyecto de vida
La violencia también alcanzó a la familia de Youssef. Estos hechos reforzaron la sensación de vulnerabilidad y la necesidad de proteger a su familia.
En ese mismo contexto de inseguridad, Mariam fue detenida y sobrevivió a tortura y violencia sexual. Esta experiencia tuvo consecuencias graves para su salud física y emocional y perdió el embarazo que cursaba. “Después de eso, nada volvió a ser igual. Nos dimos cuenta de que ya no podíamos quedarnos”, recuerda Youssef.
Nos dimos cuenta de que ya no podíamos quedarnos.
Youssef*, 26 años.
La violencia vivida y la pérdida que atravesaron marcaron un punto de quiebre para la familia.
El trayecto: salir para sobrevivir
El trayecto para cruzar y llegar a América implicó transitar por varios países, en muchos tramos a pie, enfrentando condiciones extremas: escasez de agua potable, alimentos limitados y ausencia de atención médica. Parte del recorrido incluyó zonas selváticas, especialmente peligrosas para mujeres, niñas y niños. “Fue muy difícil. No había agua limpia ni comida, y caminamos durante días con un niño pequeño”, dice Youssef.
No había agua limpia ni comida, y caminamos durante días con un niño pequeño.
Youssef*, 26 años.
Un nuevo comienzo en el sur de México

Actualmente, Mariam y Youssef viven en el sur de México junto con su hijo e intentan reconstruir su vida y encontrar condiciones que les permitan ofrecer seguridad y estabilidad a su familia.
Durante su estancia en esta región, han recibido acompañamiento y acceso a espacios seguros a través de organizaciones como Plan International mediante el proyecto Guardians of Children financiado por Khalid bin Sultan Al Qasimi Humanitarian Foundation. Recibieron una tarjeta para poder acceder a necesidades básicas como la alimentación, además de información y orientación sobre servicios disponibles.
El principal motor de la pareja es su hijo. “Queremos que nuestro hijo crezca seguro, con educación y la oportunidad de tener una vida diferente”, comparte Youssef. Mariam añade: “Solo quiero un lugar donde mi hijo pueda estudiar y vivir sin miedo”.
Solo quiero un lugar donde mi hijo pueda estudiar y vivir sin miedo
Mariam*, 25 años.
La historia de Mariam y Youssef refleja la experiencia de miles de familias, en particular, de mujeres cuyos derechos, salud y proyectos de vida han sido interrumpidos por la violencia. Hoy, mientras esperan a su segundo hijo o hija, buscan reconstruir su vida en México y ofrecer a su familia un entorno seguro y estable.
*Nombres cambiados por motivos de protección.